Psicología Forense: Jack el Destripador


Psicología Forense: la mente de Jack el destripador


jueves, 9 de diciembre de 2021

El famoso caso de Jack el Destripador es un misterio que continua sin ser revelado. Las viles acciones que se experimentaron en el siglo XIX continúan sin tener un individuo identificado; pero se han realizado estudios sobre la psicología de este sujeto. En este artículo los descubrimientos de la psicología forense sobre Jack el Destripador.



La historia de Jack

A mediados del siglo xix, el East End de Londres tenía sobrepoblación y su nivel de calidad de vida era mísero. La situación empeoró con la proliferación de barrios de clase baja con notables índices de pobreza, violencia, alcoholismo y prostitución.

"Jack el Destripador" es el nombre que se le dio a un asesino en serie que no pudo ser identificado. A este criminal, 1888, se le atribuyó la muerte de, al menos, cinco homicidios en el barrio londinense de Whitechapel. Aunque la  Policía Metropolitana de Londres imputó solo cinco asesinatos al mismo individuo, sus registros incluyeron seis crímenes más que conformaron el expediente de Whitechapel. Además, entre 1887 y 1891, la prensa atribuyó otra serie de homicidios al Destripador, aunque existen discrepancias sobre este vínculo.

El modus operandi de este asesino se caracteriza por realizar cortes en la garganta, mutilaciones en las áreas genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro de sus víctimas. Estas eran mujeres que se dedicaban a la prostitución.

Hubieron alrededor de trescientos sospechos investigados; sin embargo, la investigación policial resultó ineficaz en el esclarecimiento de la identidad del asesino serial, y fue objeto de burla y polémica por parte de la prensa. La situación llevó a que se estableciera un comité ciudadano encargado de patrullar las calles de Whitechapel, identificar a posibles sospechosos e investigar por su cuenta los asesinatos.

El autor de los crímenes nunca fue identificado, pero surgieron varias teorías y sospechas por parte de la policía, prensa y autores para explicar los posibles conocimientos quirúrgicos, profesión u ocupación y salud mental del homicida.

A esto se le suma que la policía recibió al menos tres cartas supuestamente firmadas por el asesino, en las que este se mofaba de las investigaciones y amenazaba con seguir asesinando a prostitutas. Una de las misivas estaba firmada por «Jack el Destripador» y a partir de ese entonces el asesino comenzó a ser referido por este apodo.

El perfil psicológico del terror

El famoso exagente del FBI y criminólogo Robert K. Ressler, habla en su libro “Asesinos en serie” (2005) de los asesinos de tipo desorganizado:

En este libro, el ex agente comenta que las escenas del crimen desorganizada tiene mucho para decir del criminal

“ (…) refleja la confusión que reina en la mente del asesino y presenta rasgos de espontaneidad y algunos elementos simbólicos que reflejan sus delirios (…)” - Robert K, Ressler, “Asesinos en serie” (2005), p. 127-128

Además, en su escrito agrega que el encontrar el cuerpo es otra señal de esto, ya que la falta de claridad mental del asesino a la hora de cometer el crimen le impide mover u ocultar el cuerpo.

Todo lo mencionado por el ex miembro del FBI, es un retrato muy descriptivo de lo que sucedía con los casos de Jack, fuera quien fuera, puesto que ninguno de los escenarios que dejó tras de sí sugieren un patrón de organización.

Sostiene que “Jack el Destripador” era un asesino desorganizado, debido al crescendo en la violencia con la que cometió sus muertes. Si hubiese llegado a la cúspide de su perturbación mental, con total seguridad habría sido incapaz de seguir cometiendo tales hechos, con lo que hubiera cometido suicidio o se hubiera encerrado en un manicomio. En cualquiera de los dos casos, habría desaparecido de la sociedad.

En otra de las obras de Robert K. Ressler, “Dentro del monstruo: un intento de comprender a los asesinos en serie” (2010), menciona que el temor que causó este asesino en su época se debe a que fue de los primeros que escogía a víctimas desconocidas, con las que según parece no tenía vínculos emocionales o familiares. 

El ex agente sentencia a los investigadores de aquel momento, al insistir en que se equivocaban al creer que el responsable era un un individuo de la clase alta. Ressler sostiene que, de acuerdo con sus pesquisas, se trataba de alguien de la misma clase social que las prostitutas, debido a los lugares frecuentados por las mismas y las circunstancias alrededor de los crímenes. De haber sido alguien de categoría elevada, su presencia por la zona no habría pasado inadvertida por los vecinos.


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